Caminar por las calles de Beirut hoy es transitar sobre las capas de una historia que se niega a cicatrizar. Más allá de las frías crónicas de guerra que consumimos a diario en los noticieros internacionales, el Líbano representa una de las tragedias geopolíticas y humanas más dolorosas de nuestro tiempo. Es un país hermoso y milenario que, paradójicamente, ha sido secuestrado por las tensiones internas y convertido en el tablero de ajedrez donde potencias extranjeras dirimen sus odios a costa de la sangre de civiles inocentes.
Para el ciudadano común que habita el sur del país o los suburbios de la capital, las definiciones como "guerra asimétrica" o "disuasión militar" carecen de sentido cuando el techo de su hogar se desploma. Cuando analizamos la crisis libanesa, solemos olvidar que dentro de sus fronteras conviven, a la fuerza, un Estado nacional sumamente frágil y una milicia con un poder de fuego aplastante. Este escenario crea "fronteras invisibles" en los barrios, donde el miedo dicta quién controla cada calle, cada hospital y cada ruta de escape.
Para desarmar esta dolorosa realidad y comprender cómo un movimiento armado llegó a consolidarse como un "Estado dentro del Estado", nos sumergimos en un conversatorio profundo y esclarecedor con el académico y experto en estudios internacionales, Dr. Isaac Caro. El objetivo de este diálogo no es justificar la violencia de ningún bando, sino arrojar luz sobre las raíces históricas y el impacto devastador que este conflicto tiene sobre millones de personas que hoy se encuentran sin salida, huyendo de bombas hacia fronteras cerradas o hacia una Siria que aún huele a cenizas.
A continuación, presento la estructura completa de nuestro análisis dialogado, respetando íntegramente las reflexiones del Dr. Caro para entender la compleja red de Hezbollah, la respuesta militar de Israel y las ramificaciones de este dolor que, como veremos, ha llegado a golpear incluso las puertas de nuestra propia América Latina.
Geopolítica en el Líbano y el conflicto regional por el Dr. Isaac Caro
"¿Hasta qué punto podemos hablar de una 'frontera interna' dentro del propio Líbano debido a las zonas de influencia de Hezbollah, y cómo afecta esto a la cohesión política y territorial del Estado libanés?"
Isaac Caro
Este es un fenómeno de larga data. El movimiento Hezbollah se creó en 1982, en el marco de la guerra civil en el Líbano. Su objetivo fundamental era establecer un Estado musulmán chiita siguiendo el ejemplo de Irán, aprovechando el impulso de la revolución islámica iraní de 1979, la cual produjo un cambio radical en todo el Medio Oriente. Hoy en día, muchos analistas coinciden en que estamos en presencia de un "Estado dentro del Estado". Hezbollah es un partido político con una estructura social sólida, pero, lo más importante, posee una rama militar autónoma sumamente fuerte. Esta milicia recibe apoyo directo de Irán —concretamente de la Guardia Revolucionaria— y es, en la práctica, más poderosa que las propias Fuerzas Armadas del Líbano. Por lo tanto, opera como un ejército autónomo dentro de las fronteras nacionales.
"Considerando la fragmentación social del país, ¿cómo ha logrado Hezbollah construir y consolidar esta identidad política y mantener su amplio respaldo popular frente a otras facciones y a Occidente?"
Isaac Caro
El éxito de Hezbollah se explica, principalmente, por el respaldo de Irán y por las particularidades demográficas del Líbano. El país está fuertemente fragmentado en términos religiosos, con tres grandes grupos: cristianos maronitas, musulmanes chiitas y musulmanes sunitas. Esta diversidad fue en gran medida el origen de la guerra civil libanesa (1975-1990). Durante ese conflicto existieron muchas otras milicias, tanto cristianas como sunitas, pero la única que logró sobrevivir, mantener su fuerza armamentística y consolidarse hasta el día de hoy fue Hezbollah. Su consolidación ideológica también se nutre de una fuerte postura en contra de Occidente —particularmente hacia Estados Unidos— y en contra de Israel. A diferencia de antiguas facciones, como las falanges cristianas que en su momento fueron aliadas del bando occidental, la narrativa de resistencia de Hezbollah resuena profundamente en gran parte de la población libanesa y regional.
"Ante este escenario de conflicto constante, ¿cómo se ve afectada la población civil en el Líbano, considerando los recientes bombardeos y la crisis de desplazamientos?"
Isaac Caro
La situación es de una vulnerabilidad extrema. Las acciones militares que ha llevado a cabo Israel dirigidas contra Hezbollah se concentran fundamentalmente en el sur del país —en ciudades como Tiro— y en la capital, Beirut, específicamente en sus suburbios del sur. Esto responde a que la base demográfica chiita, y por ende el núcleo de apoyo y operación de Hezbollah, se encuentra en estas zonas. Estos ataques han provocado una gran cantidad de víctimas y han forzado el desplazamiento de millones de personas. El gran problema es que los libaneses no tienen vías seguras para escapar: no pueden huir hacia el sur porque la frontera con Israel está cerrada y es zona de guerra, y la alternativa es desplazarse hacia Siria, un país que sigue siendo inestable y vulnerable tras la guerra civil que comenzó en 2011.
"Profundizando en la estrategia bélica, ¿cuáles son las diferencias geopolíticas entre la ofensiva israelí contra Hezbollah en el Líbano y el conflicto asimétrico y territorial con Hamás en la Franja de Gaza?"
Isaac Caro
La naturaleza de ambos conflictos es distinta. En el caso del Líbano, Israel ha establecido formalmente que no está en guerra con el Estado libanés, sino exclusivamente con Hezbollah. La milicia chiita ha estado lanzando ataques constantes contra el norte de Israel, y el objetivo del ejército israelí es responder a estas agresiones y neutralizar a la cúpula del movimiento. Ambos países se encuentran en una situación de beligerancia técnica, ya que el Líbano no reconoce formalmente a Israel, pero ambos reconocen mutuamente la existencia del otro como Estado soberano. Por otro lado, la situación con Hamás en Gaza tiene un componente territorial y de ocupación directa. El gobierno actual de Israel no reconoce un Estado Palestino ni apoya la solución de los dos Estados. En Gaza y Cisjordania hay un control de ocupación que busca perpetuarse. Sin embargo, a pesar de estas diferencias de fondo, las tácticas militares de Israel en ambos frentes —tanto contra Hamás tras los ataques del 7 de octubre de 2023, como contra Hezbollah en Líbano— han sido respuestas desproporcionadas que terminan causando una enorme destrucción e impactando a civiles completamente inocentes.
"Para concluir, resulta clave observar este fenómeno más allá del Medio Oriente. ¿Qué impacto han tenido estos grupos y sus directrices en las relaciones internacionales a nivel transnacional?"
Isaac Caro
Ese es un punto fundamental para entender la magnitud del fenómeno. Hezbollah no solo opera dentro del Líbano, sino que tiene un alcance transnacional con una influencia notable en América Latina. El caso más paradigmático es el de Argentina. En los años noventa, el país sudamericano sufrió dos graves atentados terroristas contra objetivos judíos e israelíes: el primero en 1992 contra la Embajada de Israel, y el segundo en 1994 contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). Las investigaciones judiciales argentinas han determinado que el atentado de la AMIA fue diseñado por las más altas autoridades iraníes de la época, quienes encomendaron directamente a Hezbollah la ejecución del ataque. Esto demuestra claramente cómo las disputas geopolíticas y religiosas del Medio Oriente tienen ramificaciones y consecuencias tangibles en la política internacional global.
El costo civil de una guerra sin fronteras
Las reflexiones del Dr. Isaac Caro nos obligan a desarmar el peligroso espejismo de la distancia. Solemos creer que las detonaciones que iluminan trágicamente los cielos del Medio Oriente son ecos lejanos que se disipan en el Mediterráneo. Sin embargo, como bien señala el académico al recordar los atroces atentados en Argentina, los tentáculos del extremismo, financiados y dirigidos por intereses estatales foráneos, demuestran que en la geopolítica contemporánea el dolor no requiere pasaporte para cruzar de un hemisferio a otro.
Pero más allá de los despachos de seguridad nacional y las investigaciones transnacionales, la urgencia de este análisis nos devuelve inevitablemente al suelo libanés. Escuchar que millones de seres humanos no tienen hacia dónde correr —atrapados entre una frontera militarizada al sur y una Siria devastada al norte— es un testimonio brutal del fracaso de la comunidad internacional. Cuando un Estado soberano se ve incapacitado para proteger a sus propios ciudadanos frente al asedio de una milicia más poderosa que sus propias fuerzas armadas, y frente a la respuesta abrumadora y desproporcionada de un país vecino, quienes verdaderamente pagan el precio son las familias que lo pierden absolutamente todo en cuestión de segundos.
La asimetría del conflicto libanés radica en su cruel naturaleza estructural. Como advierte el internacionalista, la justificación de combatir a Hezbollah no puede ni debe usarse como una carta blanca para reducir a escombros suburbios enteros ni borrar comunidades de la faz de la tierra. Las "respuestas desproporcionadas" que impactan a civiles inocentes, sea en Gaza o en los barrios de Beirut, evidencian un patrón de guerra contemporánea donde el límite entre el objetivo militar y el castigo colectivo se difumina hasta desaparecer.
Al final del día, comprender la encrucijada del Líbano y la sombra de Hezbollah exige abandonar los análisis superficiales de buenos contra malos. Nos demanda mirar a ese rincón del mundo con empatía y exigencia diplomática. Porque mientras la comunidad internacional siga tolerando que facciones armadas secuestren el destino de naciones enteras y que potencias militares apliquen tácticas de tierra arrasada, las ruinas seguirán cayendo sobre las mismas espaldas frágiles de siempre: las de los civiles que solo piden, desesperadamente, un pedazo de tierra seguro donde poder vivir en paz.