Toda persona con conciencia política-económica actual o pasada, o simplemente alguien que se da el debido tiempo para escuchar el noticiero diario todas las mañanas, se preguntará: ¿Por qué alguien condenado y vinculado a cargos por colusión termina administrando la economía de un país?
El concepto de colusión en Chile, no es una “maniobra” que pase desapercibida, no es simplemente algo de bajo nivel, ES PAGAR MÁS POR UN REMEDIO que necesitas para vivir, como también ES QUE EL POLLO, alimento básico, se convirtió en un símbolo de abuso. Esto nos dejó múltiples sensaciones, pero hay que recalcar que nos dejó claro que el mercado funciona como un club privado donde los ricos suelen repartirse el botín, mientras que nosotros, miramos desde afuera.
El peso de la duda ciudadana
Es por ello que cuando el nombre del actual ministro de hacienda aparece en algún informe o noticia se suele asociar a algún caso de colusión, la ciudadanía no distingue actos ilegales sobre su persona. Ellos ven otra cosa, como por ejemplo: Coherencia ética, cuando alguien que estuvo cerca de estos acontecimientos termina conformando el gabinete del actual gobierno, la pregunta apela no solo a lo judicial sino a lo emocional, ¿cómo piensan las personas?.
Por eso, cuando aparece el nombre de Jorge Quiroz, específicamente en la jefatura del ministerio de hacienda, la pregunta realizada al principio va más allá de un pensamiento ético o jurídico, es más bien, orientada a un pensamiento crítico y una reflexión propia de las personas, básicamente preguntándose, ¿qué se está haciendo mal?.
Y ese pensamiento crítico nos lleva inevitablemente al enojo, ¿Cómo le explicamos a la señora que cuenta las monedas para comprar su remedio para la presión, o al padre de familia que tuvo que dejar de comprar carne para conformarse con las sobras, que el hombre que validó, asesoró y defendió esos precios inflados hoy tiene en sus manos las finanzas de la nación?
Ahí es cuando la duda cae por su propio peso y sin filtro: ¿Por qué este hombre no está preso?
Una justicia con problemas de visión
En nuestro país, la justicia parece tener problemas de visión dependiendo de la clase social y la ropa que uses. Si una persona desesperada entra a un supermercado y se roba un pollo para comer, le cae encima todo el peso de la ley, el repudio en las noticias y una celda asegurada. Pero si un grupo de ejecutivos de cuello y corbata se encierra en una oficina para robarle a millones de chilenos, subiendo artificialmente el precio de todos los pollos del país o de los medicamentos que nos mantienen vivos, el sistema cambia de tono. Ya no le llaman robo, le llaman "asesoría económica", "análisis de mercado" o "falla a la libre competencia".
A estos que se hacen llamar “ejecutivos” o “asesores” no se les trata como a delincuentes, no se les enrostra el dolor de la gente ni pisan un tribunal penal con esposas. A lo sumo, el sistema castiga a las empresas con multas que terminan pagando con la misma plata que ya nos sacaron del bolsillo a nosotros.
La verdadera tragedia
No necesitamos tener un magíster en economía para entender el daño real que esto provoca, sino solamente tenemos que “pensar” y “analizar”. La colusión no es un error en una planilla de Excel ni un truco escondido en la letra chica; la colusión es la angustia de llegar a fin de mes, es obligar a una familia a elegir entre pagar las cuentas o comprar la receta médica.
Que Jorge Quiroz, una figura que prestó su experiencia y trabajo para defender a los grandes empresarios millonarios cuando exprimían el bolsillo del pueblo, hoy esté dictando el rumbo económico del país, no es solo una falta de empatía sino es una falta de respeto a la memoria de todos los que pagamos de más.
El problema de fondo ya no es únicamente que él, y tantos otros cómplices de los monopolios, no estén cumpliendo una condena tras las rejas y caminen libremente por nuestro palacio de moneda. La verdadera tragedia es el mensaje fuerte que nos envía el gobierno al ponerlo en el poder, básicamente nos confirma que en este país, abusar de la gente común no se castiga con la cárcel, sino más bien todo lo contrario, se premia con un ministerio y un alto sueldo pagado por todos nosotros.