Detrás de los mapas geopolíticos diplomaticos y de discusiones de cancillería, el conflicto de anexión de la región del Donbás por parte de Rusia sobre Ucrania es, ante todo, una herida abierta en el corazón de la humanidad. Cuando hablamos de invasiones, fronteras e intereses de estado, no somos conscientes del actuar humano existente detrás de todo eso. Olvidamos que cada centímetro de tierra anexada ilegalmente está cubierto por la dignidad pisoteada de miles de civiles y por violaciones sistemáticas a los derechos humanos que desafían la existencia misma del Derecho Internacional Humanitario.
Para desarmar esta realidad y entender el trasfondo de una crisis que hasta el día de hoy sigue presente, nos sumergimos en las dimensiones estructurales de este asalto territorial. Lo hacemos combinando la perspectiva de la investigación en terreno con el análisis del académico experto en estudios internacionales de la Universidad Alberto Hurtado, Isaac Caro. El objetivo no es solo mapear los movimientos del Kremlin, sino indagar en un proceso de anexión no reconocido, donde las leyes internacionales se han convertido en promesas rotas.
Para situarnos en la urgencia del presente, la reciente escalada militar entre Rusia y Ucrania ha provocado un incremento de fallecidos y heridos civiles en el inicio de mayo de 2026, impulsado por el despliegue de nuevas tecnologías hipersónicas por parte de Moscú y contraataques ucranianos en zonas ocupadas. De acuerdo con el último balance de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, el número de víctimas civiles en los primeros cuatro meses de 2026 aumentó un 21% en comparación con el mismo periodo del año anterior, registrándose formalmente 815 civiles muertos tan solo en ese tramo del año.
Los últimos incidentes de la escalada en este mes de mayo de 2026 son desoladores: un bombardeo masivo a Kiev donde Rusia lanzó un ataque nocturno masivo utilizando cerca de 690 sistemas de ataque aéreo (incluyendo 600 drones y 90 misiles), empleando el misil hipersónico con capacidad nuclear Oréshnik contra la localidad de Bila Tserkva, dejando al menos 4 civiles muertos y casi 100 heridos. En paralelo, el ataque en Starobilsk, donde las fuerzas ucranianas ejecutaron un ataque con múltiples drones contra un colegio pedagógico en el territorio ocupado de Lugansk, provocó el colapso de una residencia estudiantil y causó la muerte de entre 18 y 21 personas, la gran mayoría adolescentes y estudiantes civiles.
Frente a este escenario de horror, compartimos a continuación el conversatorio íntegro mantenido con el internacionalista Isaac Caro, quien desde la academia nos ayuda a descifrar los hilos conductores de esta tragedia.
El asalto al Donbás bajo el análisis del internacionalista Isaac Caro
"¿Cuál era/es el objetivo del Kremlin Ruso ante el proceso de anexión?"
Isaac Caro
Tenemos un objetivo determinado por el presidente Putin. Que es en gran medida yo diría, volver a la construcción de la gran Rusia. Acá lo que tenemos básicamente es que antes de la desintegración de la Unión Soviética, Rusia era el Estado central de la URSS, pero el Kremlin y el gobierno ejercían un control sobre 15 diferentes repúblicas que formaban parte de la URSS. La desintegración de 14 de las 15 repúblicas de la URSS ha implicado en gran medida que los límites de Rusia hoy en día se hayan establecido de un modo que hoy ellos tengan como objetivo recuperar esta idea de la “Gran Rusia” o “Patria Rusa” y en eso yo diría que el objetivo central es Ucrania por la formación poblacional, conformación religiosa y estratégica, forma parte de un objetivo fundamental para Putin. Lo mismo con Bielorrusia, pero con la diferencia de que ellos tienen un gobierno que actúa afín de los rusos. Pero eso no pasa con Volodimir Zelenski, y en consecuencia es allí en donde hay un primer objetivo que se va a materializar el 2014 con la anexión de Crimea.
"¿Dónde queda el derecho Internacional y el respeto hacia los DD.HH ante esta anexión no reconocida y crímenes de guerra cometidos?"
Isaac Caro
Son 5 regiones anexadas (hasta el día de hoy) en donde se han colocado gobernadores en donde Putin ha llevado a cabo referéndums convocados, pero de dudosa transparencia y de dudosa pluralidad en las elecciones. Lo que ha pasado en el proceso de anexión del Donbás y de las otras regiones, de alguna manera visualizamos que no hay ningún respeto al derecho internacional humanitario, lo vemos plasmado en el caso de Gaza en paralelo. Esto tiene que ver en gran medida con el bloqueo que se da en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde los 5 grandes poderes tienen derecho a veto. En consecuencia, en los diferentes conflictos (Rusia-Ucrania), Rusia va a vetar cualquier resolución en contra de ellos. Vemos cómo en el caso de la guerra en Gaza; Estados Unidos vetó cualquier resolución en contra de los crímenes cometidos en la ya mencionada Gaza (Palestina). Por lo tanto, estamos de alguna manera en presencia de una absoluta problemática que prácticamente es imposible avanzar en la dirección del Respeto Internacional Humanitario.
"Si todo este sistema de respeto al Derecho Internacional Humanitario está fallando, por consecuencia del poder de veto de los Estados. ¿Cuál es su visión/propuesta en torno a ello?"
Isaac Caro
Lamentablemente de manera propia, no veo una solución a corto plazo. Tendría que haber una renovación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aunque eso está pensado hace mucho tiempo y la renovación de ese consejo es un punto fundamental. Donde la incorporación de nuevos miembros permanentes terminaría de alguna manera con este “bloqueo” que ejercen los 5 miembros permanentes. Esa sería la línea ideal, pero hoy en día cuando nosotros observamos que hay una crisis del Sistema de Naciones Unidas, crisis del multilateralismo, cuando existen gobiernos de extrema derecha en diferentes partes del mundo, todo lo que tiene que ver con estas organizaciones internacionales ha significado una crisis y esa misma parte del respeto al derecho internacional humanitario. Por lo tanto la solución no es fácil ni es a corto plazo.
Anatomía de la deshumanización: De los conceptos al suelo de Mariúpol
Las palabras del profesor Isaac Caro resuenan ante un diagnóstico negativo: estamos ante una crisis profunda del multilateralismo, atrapados en un tablero institucional donde el derecho a veto valida la impunidad. Pero, ¿cómo se traduce este "bloqueo institucional" en la vida de los seres humanos que habitan el territorio?
Para responder, es importante mirar de frente la evidencia. "20 días en Mariupol" no es solo un documental; es la visión en tiempo real de una ciudad que cruza una de las mayores catástrofes humanitarias del siglo XXI. Desde una perspectiva crítica y profundamente humanizada, el largometraje de Mstyslav Chernov muestra la frialdad de las cifras geopolíticas para confrontar al espectador con el día a día de la población civil. A través de este testimonio audiovisual, se documentan las sistemáticas violaciones al Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH) y al Derecho Internacional Humanitario que el Dr. Caro denuncia en nuestra conversación.
El documental destaca por su crudeza, una obra donde la ausencia de una voz en off permite que el sonido ambiente de las bombas y los llantos estructuren el relato, capturando las malas condiciones de vida en apenas tres semanas. A lo largo de este asedio, el colapso de la dignidad se hace evidente en los gestos cotidianos de vecinos que buscan desesperadamente agua de lluvia, saquean tiendas por pura supervivencia y cocinan en fogatas comunitarias bajo la nieve, perdiéndose incluso el sagrado ritual del adiós debido a que la saturación de los hospitales obliga a amontonar los cadáveres en los sótanos. Ante la imposibilidad material de dar una sepultura individual por culpa de los bombardeos constantes, el filme nos confronta con la creación de fosas comunes en trincheras, lugares desoladores donde los cuerpos, envueltos apenas en bolsas plásticas o alfombras, son arrojados de forma anónima y apresurada.
Toda esta secuencia de imágenes se convierte en una prueba de crímenes de guerra y de violaciones a los derechos humanos, registrando cómo la artillería y la aviación avanzan sin discriminar entre objetivos militares y zonas residenciales, despedazando casas, escuelas y refugios. El punto de inflexión y máxima herida de este testimonio visual es el ataque deliberado al Hospital Materno-Infantil, un crimen de guerra explícito donde filmar a mujeres embarazadas heridas, cubiertas de polvo y sangre mientras son evacuadas entre los escombros, evidencia la vulneración de los espacios médicos protegidos categóricamente por las leyes internacionales, una tragedia que alcanza su forma más dolorosa con la muerte posterior de una de estas madres y su bebé. A esto se suma el uso cruel de armas de guerra a través del corte total de los servicios de electricidad, agua, gas y comunicaciones por parte de las fuerzas rusas.
El núcleo de este relato está en la mirada desgarradora de los padres que pierden a sus hijos, un dolor que en este escenario de horror tiene nombres y rostros inolvidables como el de Evgeny, el adolescente herido de muerte mientras jugaba al fútbol, cuyos médicos intentaron reanimar desesperadamente en un suelo ensangrentado mientras su padre llora abrazado a su cuerpo inerte, o las pequeñas vidas de Iliya y Evangelina, niños cuyas muertes provocan la rabia y el llanto de un personal médico que mira directamente a la cámara para exigirle al mundo que vea lo que está pasando. Este metraje humaniza la tragedia al mostrar el profundo trauma psicológico de los sobrevivientes, retratando el miedo en los ojos de los niños ocultos en sótanos oscuros, la mirada perdida de los ancianos que lo han perdido absolutamente todo y la desesperación de los médicos que se ven obligados a elegir a quién salvar en medio de una escasez total de recursos básicos.
Cuando estos dolores se elevan hacia las dimensiones de una tragedia global, las estimaciones de bajas acumuladas en el conflicto (que abarcan muertos, heridos y desaparecidos) reflejan magnitudes masivas que estremecen la conciencia humana según los informes de inteligencia internacionales y los organismos de derechos humanos. Por el lado de las fuerzas rusas, los servicios de inteligencia occidentales estiman que se superan las 1.2 a 1.3 millones de bajas totales, dentro de las cuales los centros de análisis estratégico calculan un saldo de entre 275,000 y 325,000 soldados fallecidos, un recuento que en el registro de nombres confirmados de forma independiente por medios como Mediazona ya supera los 186,000 caídos con identidad verificada. En contraparte, las Fuerzas Armadas ucranianas acumulan un estimado de entre 500,000 y 600,000 bajas totales, situando los analistas de defensa el número de soldados ucranianos fallecidos entre los 100,000 y 140,000, todo esto mientras la ONU mantiene un registro verificado que supera las 15,000 muertes civiles confirmadas en territorio ucraniano desde febrero de 2022, aunque la organización advierte con gravedad que el registro real es considerablemente mayor debido a la absoluta falta de acceso a las zonas que hoy se encuentran bajo ocupación rusa.
Como bien señala el Dr. Caro, el corazón de esta inacción es producto de la arquitectura misma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el derecho a veto que ostentan las cinco grandes potencias. Este mecanismo, pensado originalmente para mantener un equilibrio de fuerzas en la posguerra, se ha transformado hoy en un escudo de impunidad legalizada que imposibilita avanzar en la dirección del Respeto Internacional Humanitario. El bloqueo es absoluto: ante la invasión a Ucrania, Rusia utiliza sistemáticamente su capacidad de veto para neutralizar cualquier resolución en su contra. Es una dinámica sistémica que no es exclusiva de este conflicto; se replica de manera casi idéntica en otros escenarios globales como la guerra en Gaza, donde Estados Unidos ha vetado resoluciones destinadas a frenar los crímenes cometidos en territorio palestino. El diseño institucional del Consejo, por ende, termina blindando las acciones de los estados poderosos a costa del sufrimiento civil.
Esta realidad nos enfrenta a lo que el internacionalista define como una crisis profunda del multilateralismo y del propio sistema de las Naciones Unidas, un fenómeno que se ve agudizado en el plano internacional por el ascenso de gobiernos de extrema derecha que debilitan deliberadamente el rol de las organizaciones internacionales. Ante este panorama, la urgencia de una renovación estructural del Consejo de Seguridad que incorpore nuevos miembros permanentes y termine con el monopolio del veto se vuelve una necesidad vital para rescatar la legitimidad del sistema. Sin embargo, tal como concluye con realismo el Dr. Caro, las soluciones no son sencillas ni se visualizan a corto plazo en el escenario político actual.